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Vino para dummies: Maridaje I

El maridaje es el acto de seleccionar y unir ciertos vinos y comidas para que, al combinarlos, potencien sus características positivas y la experiencia gastronómica sea más satisfactoria. Para muchos es una experiencia de lujo. Hoy te vamos a revelar algunos secretos a tener en cuenta para hacerlo desde casa.

Antes de experimentar con comida y vino en casa debemos entender que es importante seguir ciertos pasos. Es muy complicado que tengamos una comida balanceada tanto en consistencia como en sabor si comemos una picada, un gran bistec, una torta de triple chocolate y todo eso lo complementamos con un vino fuerte. Suena pesado, ¿cierto?. Es por eso que el menú se debe ordenar según la intensidad de los platos y, así mismo, ordenar los vinos.

De esa regla básica surge que las entradas se acompañen con vinos blancos o rosados, luego vinos tintos jóvenes, tintos maduros y, para finalizar, vinos dulces.

Expertos de la bodega de vinos Masi, nos cuentan que, para una entrada con carnes de intensidad ligera como platos de mariscos, ceviche o pescados, un vino blanco como el Masi Masianco es un excelente acompañante. Seguidamente, para carnes rojas, carnes de caza o codornices, recomienda Masi Amarone, vinos con cuerpo, complejos, aterciopelados y bien equilibrados; sus características hacen que sea ideal con carnes de sabor atrevido.

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Ahora bien, si el plato principal que se escoge es la pasta, lo ideal sería Campofiorin: suave, aterciopelado, peroc accesible y versátil en los maridajes. Perfecto con platos de pasta aderezados con ricas salsas de carne o champiñones, por ejemplo.

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La clave está en escoger un buen equilibro entre la comida y el vino, pero ¿qué debes tomar en cuenta para encontrar ese equilibro? Para entender este concepto debemos hablar de pesos, curioso, ¿no?.

En gastronomía el peso se define por la cantidad de ingredientes utilizados en los platos, niveles de grasas, diferentes elementos del plato, mayor o menor dificultad para digerirlo. Suena complicado, pero no es difícil descifrar que una pizza es más pesada que una ensalada, tomando en cuenta las características anteriores.

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Lo mismo pasa con el vino, sólo que su peso se determina por el cuerpo (cantidad de elementos que contenga) y la intensidad de su sabor. Esto, a su vez, se define por la cantidad de alcohol, el tipo de uvas utilizadas, el tiempo de maduración y la región de donde viene.

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A la hora de buscar el equilibro entre un plato y el vino, debemos intentar que pesen lo mismo. Desde los vinos más ligeros a los más pesados el orden es el siguiente: blancos jóvenes, blancos más estructurados y blancos con fermentación en barrica. En ese mismo grupo podríamos incluir algunos rosados. Seguidos por los tintos jóvenes, los crianza, reserva y gran reserva.

Con todo esto podríamos decir que la clave del maridaje está en escoger elementos más o menos del mismo nivel, pero acá las posibilidades son infinitas y todavía queda mucho por conocer, no te pierdas nuestros próximos artículos para saber más.


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Vino para dummies: Maridaje II

Probablemente muchos ya conocen o han escuchado la regla básica del maridaje: vino tinto con carnes rojas y comidas de sabor fuerte, y vino blanco o rosado con carnes blancas o, tal vez, no conoces nada de este tema, pero ves la combinación de vinos y comida como algo que no es para ti. Esta es la continuación de nuestro primer artículo sobre maridaje.

En Maridaje I hablamos del peso y el consumo gradual de la comida y los vinos según la intensidad y la cantidad de ingredientes. Llegamos a la conclusión de que un buen maridaje depende de que la comida y la bebida tengan las mismas características.

Desde tiempos inmemoriales el vino y la comida están destinados a entenderse, pero esta relación no tiene que ser siempre en los mismos términos. Si dos seres tienen gustos similares, todo irá de maravilla y ¿cuando eso no pasa? Aplica la ley de “los opuestos se atraen”.

Si llevamos esa teoría al mundo gastronómico aplica, más o menos, de la misma forma. Un maridaje en la misma sintonía funciona muy bien, pero cuando son opuestos que se complementan pueden generar sabores únicos.  Esta combinación recibe el nombre de maridaje por contraste y consiste en salir de lo tradicional, buscar el equilibrio a través de sensaciones opuestas. Por ejemplo, para la gastronomía picante es necesario un líquido que rebaje esa sensación ardiente. Sabores asiáticos, mexicanos y peruanos se llevan realmente bien con vinos blancos jóvenes, frescos y frutados. Otro ejemplo, puede ser el de servir quesos muy fuertes y salados con un vino dulce, para suavizar el potente sabor del queso. En Francia es ancestral el maridaje entre queso Roquefort o de cabra y vino dulce. La salinidad es “barrida” con sutileza por el dulzor del líquido.

¿Hay algo que no se pueda maridar con vino?

Cuando se profundiza en este tema pareciera que no hay combinación imposible, pero, aunque probablemente en este mundo todo se puede, los expertos de las bodegas Masi nos cuenta que, en su amplia trayectoria, les ha resultado difícil hacer buenas combinaciones de vinos con alcachofas, incluso, cuando se encuentran en una receta. Sin embargo, en este caso, todo depende de la cantidad de alcachofa en el plato y de si hay otros ingredientes que contrarresten su sabor.

Al final, el maridaje es cuestión de gustos, todo va a depender de qué tanto experimentes con texturas, sabores, aromas, etc. Una regla de oro: elige un vino que te guste beber solo, a partir de ahí sólo te queda descubrir cómo puedes combinarlo con tus platos favoritos.

Si has pensado en adquirir algunas de las referencias que tenemos disponibles en nuestra tienda de vinos, pero no sabes con qué maridarlas, puedes ir a las especificaciones de cada botella y te darás una idea.



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