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Todo lo que debes saber sobre la copa y la temperatura del vino

Las hay delgadas, anchas, altas, bajas, de muchos colores y texturas, pero entre tanta variedad puede que no se tenga conocimiento de la importancia que adquiere la copa a la hora de disfrutar el vino plenamente. En Licorela te enseñaremos a potenciar el sabor de tu vino con unos sencillos pasos.

Elegir la copa adecuada nos permite apreciar y saborear mejor el vino, sus características tendrán gran influencia en nuestra percepción y, por lo tanto, en el disfrute final de la bebida y la comida. No es necesaria la cristalería de altísima calidad, sin embargo, existen bases que se deben tener en cuenta.

Horacio Bibiloni, Enólogo de la Bodega Humberto Canale, nos da los siguientes consejos para elegir bien:

*El grosor del vidrio. Cuanto más delgada sea la copa se podrá apreciar mejor el color. De igual forma, la sensación será mucho más agradable cuando se sostiene y cuando entra en contacto con los labios.

*La forma de la copa depende del vino, esto permitirá apreciar el grado, la acidez y la intensidad de los aromas.

*El tamaño permitirá que el vino pueda desprender todos sus aromas. Una copa grande genera mayor cercanía con la nariz, lo que nos permite captar y apreciar los matices del vino en todo su esplendor.

*La lengua nos permite detectar hasta cuatro sabores: ácido, amargo, dulce y salado, por eso la posición de la cabeza a la hora de beber implica que el vino entre en contacto con ciertas zonas de la lengua. Es por ello que el tipo de vino determina el diámetro de la boca de la copa que se utilizará.

Si quieres ver la diferencia que puede hacer la copa, haz el siguiente ejercicio: compra una botella de vino y sírvela en tres copas, en una plástica, en una pequeña, y en una copa de cristal de por lo menos doce onzas de capacidad. Préstale atención al color y el aroma en cada una de las copas, toma sorbos y saborea, inmediatamente notarás la diferencia o puede servirte como ejercicio en el entrenamiento de tu paladar.

Como lo mencionamos en nuestro artículo anterior, el vino te permite realzar y optimizar la experiencia gastronómica. Es el acompañante ideal para prolongar los sabores y se puede acoplar muy bien a todas las etapas de la comida. En consecuencia, no se le debe restar importancia a la servida del vino. Así como el menú va aumentando su intensidad, los vinos deben acompañar este incremento.

La recomendación de Bibiloni es maridar los vinos blancos o espumosos con pescados, mariscos y algunas carnes blancas, los vinos rosados con ensaladas y pasta y los vinos tintos con aquellos platos que son más grasos y con sabores más fuertes como las carnes rojas y los guisos.

Cuando se utilizan varios vinos ¿en qué orden se sirven?

*Se sirven primero los blancos y luego los tintos, mientras que los rosados se sirven en el intermedio.

*Si nos enfocamos en su edad, se sirven los más jóvenes y luego los más añejos.

*El sabor es clave en el maridaje, por lo que primero se sirven los más suaves y luego los más intensos.

Otro punto importante a considerar es la temperatura. Los vinos blancos jóvenes secos se sirven entre los 7 y 10º C y los blancos dulces es aconsejable servirlos a 6ºC, temperatura a la cual se resalta su carácter frutal y su expresión dulce. Los blancos crianza, entre 10 y 12 º C. Los blancos generosos (manzanillas y finos) se deben servir entre 7º y 10º C.

Para los vinos rosados se recomienda que la temperatura de servicio esté entre los 6 y 8º C.

Los vinos tintos deben servirse con una temperatura que esté entre los 16 y los 18º C, así conservan todos sus matices y se perciben adecuadamente sus componentes. Los tintos jóvenes entre los 12 y 15º C, esto resalta su frescura y matices florales, los crianzas entre los 16 y 18º C y los de grandes añadas a 20ºC.

Es recomendable dejar que el vino se airee un poco. En caso de vinos añejos es bueno dejarles airearse al  menos una hora antes de tomarlo.

La temperatura se debe conseguir de modo gradual. Nunca metiendo el vino en el congelador. Si se trata de un blanco, rosado o cava, hay que ponerlo en la nevera unas horas antes de servirlo. En la mesa, la mejor opción es conservarlo fresco en una cubitera con agua y hielo.